Desde que en 2009 vimos cómo Apple presentaba el iPhone 3GS se ha repetido un patrón que ha acabado en convertirse en un ciclo establecido. Uno que se reproduce fielmente cada dos años desde entonces. Al iPhone 3G le siguió el 3GS, al iPhone 4 el 4S, el iPhone 5 tuvo su gemelo en el 5s, al igual que los iPhone 6 con los iPhone 6s.
Este comportamiento tiene una serie de ventajas muy interesantes. La primera es que permite a Apple trabajar sobre un mismo diseño o formato durante dos años, dando margen de maniobra a sus diferentes equipos para "meter" dentro de sus terminales sin plantearse perder el tiempo en modificaciones externas. La segunda es que facilita el trabajo a los fabricantes de accesorios al mantener un diseño casi idéntico durante dos generaciones.
No menos importante es la tercera razón, y es que mantener ese diseño dos años hace que el público lo asimile y reconozca. "Ese es el nuevo iPhone" o "Es el iPhone de la generación anterior". Es decir, crea una imagen de marca fácilmente reconocible por el público general.
Este mismo patrón ha servido para crear una ilusión de que los ciclos S del iPhone son renovaciones menores del buque insignia de Apple. Eso podía ser cierto en el pasado, pero Apple acaba de pulverizar este mito con los iPhone 6s.
Recuerdo ver este mismo video en el que Phil Schiller presentaba el iPhone 3GS y cómo introducía el nuevo sufijo "S" que marcaría el nombre de este ciclo. Schiller dejó claro que la S significaba velocidad (alrededor del minuto 2:00), ya que era el doble de rápido que su predecesor. La otra novedad destacada y consecuencia de ese aumento de velocidad era la grabación en video.

El iPhone 4S trajo bajo el brazo a Siri, una mejora importante en la cámara y un aumento general de la velocidad gracias a la segunda generación de los chips desarrollados in-house por Apple: el A5. Hasta aquí, el mito del ciclo S en el que estas generaciones son actualizaciones menores tiene sentido y encaja a la perfección. Pero como veremos más adelante, ya no se sostiene.
iPhone 5s y iPhones 6s, rompiendo el patrón de Apple
Este año, la compañía ha decidido poner la letra “s” en minúscula pero el cambio aportado a la gama iPhone es probablemente el más importante y contundente desde el 2007. Es un iPhone con mayúsculas.
Pedro Aznar introducía el nuevo terminal de Apple de esta manera en su análisis del iPhone 5s hace ya dos años. Por mucho que fuera casi idéntico al iPhone 5, este terminal incluía una serie de novedades que no tenían nada que ver con un teléfono del ciclo S tal y como lo concebíamos. Entre sus novedades estaban:
- Touch ID y su sistema de reconocimiento dactilar que "dejaba en evidencia al resto de sistemas de reconocimiento dactilar".
- Un chip A7 de 64 bits que no era "un capricho" sino que traían potencia con menor consumo energético, al mismo tiempo que agilizaban el sistema operativo y traían nuevas posibilidades a los desarrolladores.
- El coprocessor M7 que registraba nuestro movimiento con un consumo mínimo de energía, iniciando las andanzas de Apple en el campo de la cuantificación personal.
- Por supuesto, una mejora notable en la cámara, con una mayor sensibilidad en las fotos y la inclusión de un flash doble, además del modo cámara lenta y ráfaga.

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